sábado, 4 de abril de 2020

MicroRelatos en estado de alarma




Una colección de MicroRelatos para escapar del tiempo...

14/03/2020
El estado de alarma decretado por el Gobierno obligó a todo el mundo a quedarse en casa. Los días iban pasando y la gente experimentó la extraña sensación de empezar a conocerse a sí mismos. Muchos no pudieron soportarlo. #MicroRelato

17/03/2020
Se levantó, preparó café mientras escuchaba el silencio, miró por la ventana, la calle estaba negra, vacía, el tiempo se había parado hacía ya demasiado tiempo, el reloj marcaba la misma hora que cuando se acostó, empezó a ser consciente, su vida se había parado. #MicroRelato

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18/03/2020
Se levanta temprano, calienta un poco de café que quedaba en la cafetera y lo bebe lentamente. Se viste despacio, coge el abrigo y el bolso, se acerca a la puerta y allí, junto a la puerta cerrada se sienta en el suelo y espera. Otro día más y ya van muchos, espera. #MicroRelato

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20/03/2020
Ya no recordaban las semanas que habían pasado, hacía mucho tiempo que habían perdido la cuenta. La noticia del fin del aislamiento les generó sentimientos confusos. Abrieron la puerta, se cogieron de la mano mirándose a los ojos, una sonrisa y cerraron la puerta. #MicroRelato

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21/03/2020
Había librado mil batallas durante sus 60 años, las últimas habían sido especialmente complicadas, eran por dentro, otros ponían la técnica y los conocimientos, él su optimismo y sus ganas de vivir. Su última victoria era reciente y de nuevo, otra vez a la guerra. #MicroRelato

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25/03/2020
Salió del agua y se tumbó en la arena, el sol acariciaba su piel con la suavidad de las seis de la tarde, el sonido del mar lo llenaba todo... Cerró el libro y se asomó a la ventana. El viento, la lluvia, la calle vacía, la cuarentena, los pies llenos de arena. #MicroRelato

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29/03/2020
Dos amigas, una cabaña y un fin de semana sin maridos por delante. Una botella de vino tinto y la noche se pasó entre copas y confesiones, las risas se volvieron abrazos, los abrazos caricias y las caricias besos. Hoy hace tres años que empezó ese fin de semana. #MicroRelato

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30/03/2020
Jugaba entre maderas, cables y martillos y así aprendió a construir sus propios juguetes, su propio mundo. Creció comiendo de lo que había y había poco. Descubrió que la dignidad y la honradez son la herencia de los nadie. Hoy ese niño cumple 80 años - y es mi padre. #MicroRelato

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04/04/2020
Miguel y Maria tuvieron un noviazgo corto y una boda discreta. La pasión de los primeros años dio paso al frío cariño, los juegos de cama acabaron por convertirse en un recuerdo lejano. Él está cansado, ella triste. Sobre la mesilla de noche un papel, Querido Miguel: #MicroRelato

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10/04/2020
Eran ya siete meses de confinamiento, la soledad se había ido colando en cada rincón de su casa, de su alma. Recordaba los veranos en la playa, el olor de la crema solar, ella a su lado, su risa, sus caricias, sus besos. Y así, inventando recuerdos pasaba las noches. #MicroRelato

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11/04/2020
Le despertó el ruido de la ducha, la persiana apenas dejaba entrar un raquítico hilo de luz, buscó su teléfono móvil para ver la hora, seis llamadas perdidas de su mujer. Intentaba construir una excusa creíble mientras se vestía. ¿No te duchas?, le pregunto él. #MicroRelato

Imatge








jueves, 25 de julio de 2019

A vueltas con el SMI


Pensar que el aumento del SMI (o incluso su existencia) es un elemento que afecta negativamente al mercado de trabajo y, concretamente, a las posibilidades de empleo de los colectivos menos cualificados, supone situarse en el marco teórico (la realidad es bien distinta) de análisis de económico neoliberal que hace recaer en el salario (y los sindicatos que lo defienden) la responsabilidad del escaso volumen de empleo: las pretensiones salariales de la clase trabajadora y las organizaciones sindicales que la representan son las causantes del desempleo (y de otros “males”). Según esta tesis, en un mercado “libre” de trabas (siguiendo a Isaiah Berlin en su concepto de libertad negativa), el desempleo siempre sería voluntario, no existiría el paro forzoso (en todo caso algo de paro friccional).  Desde esta tesis no sólo se critica un SMI impuesto por el poder político, sino también de los salarios mínimos “impuestos” (seguimos con un concepto de libertad muy neoliberal) por la negociación colectiva. Hablar negativamente de salarios mínimos, sean generales o negociados, no deja de atacar de forma directa a los sindicatos que los exigen y negocian.

El SMI no es un obstáculo al crecimiento del volumen de empleo de una economía, sino un impedimento a la generación de empleo de baja calidad. El salario no solo es un coste empresarial que determina indirectamente y parcialmente la demanda de empleo, sino el principal medio de vida, el instrumento primario de participación en el reparto de la riqueza y, por lo tanto, de integración social, de la inmensa mayoría de la población (asalariada). El SMI impide, y eso sí es verdad, generar empleo de una alta precariedad, con salarios insuficientes para poder vivir, para tener una vida digna (se olvida muchas veces esta pequeña insignificancia).  Por cierto, tampoco esta alta precariedad (incluidos los bajos salarios) está unida a la “baja cualificación” (teoría del capital humano), sino a la conformación social de ciertos colectivos que tienen por distintos motivos una muy baja capacidad de negociación y/ o que trabajan en sectores escasamente regulados, donde su cualificación no es valorada ni a veces reconocida (mujeres, jóvenes, inmigrantes).

Atendiendo a los factores que determinan la demanda de trabajo (por parte de las organizaciones empleadoras públicas o privadas), en primer lugar aparece la producción de bienes y servicios, es decir, la demanda de trabajo es una demanda derivada de una necesidad productiva.  En segundo lugar, esta demanda será mayor o menor en función de la tecnología más o menos intensiva en trabajo elegida por la persona empresaria y ésta es consecuencia de la relación existente entre el precio del trabajo (salario) y el precio del capital.  Pues bien, un aumento del salario mínimo (general o de convenio) es un aliciente a la elección de tecnologías más intensivas en capital, más productivas (esto hasta lo reconoce Von Hayek, uno de los padres del neoliberalismo, relacionando a los sindicatos con los altos salarios y la atracción de capital).


El aumento del SMI es una palanca para conseguir mayores niveles de cohesión social, para conseguir un mayor crecimiento de los salarios negociados más bajos y además es un dinamizador del cambio hacia un modelo productivo de mayor valor añadido. Esta fue precisamente una de las medidas estrella del modelo sueco (Renh-Meidner) de relaciones laborales allá por los años cincuenta del siglo pasado.



Entrada escrita por Vicente López Martínez y Jaume Mayor Salvi

lunes, 3 de septiembre de 2018

Veintinueve días de agosto. Colección de MicroCuentos.


1.
El día era gris. Metió un pie en el agua, la notó fría. Sumergió el cuerpo y sus pensamientos. La pena pesaba demasiado y le arrastraba hacia el fondo. Miró al cielo con los ojos llenos de dudas, lo vio borroso. Despertó justo antes de morir ahogado.

2.
Sus miradas tropezaron, ella sonrió. Los recuerdos la arrastraron hasta aquel verano lejano, en esa misma playa. Le sorprendió volver a ver esos ojos tan negros y tuvo la certeza de que algunos encuentros nada tienen de casual. El chico debía tener unos 17, ella 60.

3.
Lo siguió con la mirada desde que cruzó la puerta. Era atractivo pero no guapo. Iba con otro hombre de su edad, probablemente su pareja. Apuró la cerveza, pagó y como cada noche, volvió solo a casa. Se desnudó a oscuras y se metió en la cama. Su mujer dormía.

4.
Salieron del cine cuando ya anochecía. Él propuso ir a tomar algo, ella aceptó. Él dibujaba un futuro juntos, preñado de viajes y felicidad. Ella escuchaba en silencio mientras sus dedos jugaban con el hielo. En casa de ella compartieron la cama. Fue la última vez.


5.
Había progresado rápido, en menos de seis años encargado. Había ido a trabajar las dos huelgas y había sido testigo de la empresa en el despido de varios trabajadores. Intuía un nuevo ascenso cuando lo llamó el gerente. -Lo siento, un compromiso... Empezó a entender.

6.
Sentado en la roca toda la tarde, pensó en aguantar un rato si la lluvia "le dejaba". Tres hermosos peces de playa, necesitaba otro. Llovía con rabia, recogió caña y enseres. Un pescado para madre, dos para la vecina, la de los gemelos. Se acostó pronto, con hambre.

7.
Tiró a la basura la carta del banco y la publicidad, dejó sobre la mesa de la cocina aquel sobre con su nombre y dirección escritas a mano. Puso la cafetera al fuego y miró de reojo la carta, conocía la letra. Mientras la abría pensó que el olvido es un autoengaño.

8.
Era el cumpleaños de ella, 73. Tantos años y nunca pudieron permitirse un viaje juntos. Pasearon uno al lado del otro, sin tocarse. A veces, cuando nadie podía verles se regalaban un beso o una caricia. Volvieron a casa, a ella le esperaba su marido, a él su soledad.

9.
Llevaban tiempo viéndose. La epidemia del año 47 los separó. Ella dentro de la ciudad, aislada, incomunicada, sola. Él fuera. Contaron los días, los meses, los años. Por fin levantaron las restricciones y se reencontraron. Ya no eran los mismos. Decidieron separarse.

10.
Se citaban desde hacía unos meses en un hotel discreto, apartado. Se entregaban a todo tipo de juegos, de fantasías. "Pídeme lo que nunca le has pedido a tu marido" le susurró él. Ella se lo pidió. Él la miró con deseo, igual que aquel lejano día en que se casaron.

11.
Cogió a su hija pequeña, apenas diez meses, mojó pan duro en agua, se lo acercó a la boca. La niña tenía la muerte dibujada en los ojos. Escuchó de nuevo el rugido en el cielo, no le quedaban lágrimas. A miles de km en la fábrica de armas empieza el turno de tarde.

12.
La enfermera cambió el gotero, ajustó la sonda, estiró la sabana y salió de la habitación. El hijo abrió el libro por donde lo habían dejado y leyó en voz alta: todos sabían que Rocamadour había muerto, todos menos la Maga... Se escondió detrás del libro. Lloró.

13.
Hace frío y la gente no se para a comprar. Está cansado y le duele todo el cuerpo, "cualquier enfermedad que no se puede permitir". Unos gritos y sus compañeros salen a la carrera, él lo intenta. En el CIE: "No sé para que venís". Él piensa en su madre, sus hermanos.

14.
Luna le acaricia la calma, Alba le responde con una sonrisa cobriza y perfumada. Se deslizan sobre su miedo y las manos profanan sus calas y sus ganas. Se muerden la alegría una a la otra y se les escapa una mentira y alguna amapola. Gimen, ríen, estallan...

15.
Él prepara la cena, ella le espera en la cama, como cada noche desde hace seis años. Apuran los minutos recordando todo lo que hacían antes del accidente. Por un momento parecen felices y a él se le dibuja una duda, ella le mira y le regala una sonrisa, la última.

16.
Le parece que hace un siglo, entrega de llaves, firma de hipoteca, elegir muebles... han pasado tres años. Él siempre tan amable y educado, cuando hay gente delante. "Perdóname, no volverá a pasar, te quiero tanto". Concentración por la tarde, rabia, lazos morados.

17.
Le sonríe mientras sumerge su mano en el pantalón, le acaricia el pene, pequeño, suave, saca el suyo y se lo acerca, nota que se resiste, le aprieta un poco el brazo, lo justo para obligarle a ceder. "No digas nada a tus padres" le dice mientras se estira la sotana.

18.
El sol de otoño se refleja en el mar y le da un aspecto de espejo arrugado, unas gaviotas anuncian la cercanía de la costa, alcanza la playa y se tumba en la arena que es como una sábana de terciopelo. Le acompañan el hambre y los cuerpos de los que no lo lograron.

19.
Llama su atención una noticia en la sección de sucesos, "Asesinado mientras dormía." -Cariño, no te lo vas a creer, han matado a un hombre en esta calle, tenía mis mismas iniciales, que coincid... La mujer lava cuidadosamente el cuchillo mientras espera a la policía.

20.
Llovía mucho, aún así decidió coger la bicicleta para volver a casa, no tenía ganas de pisar la fábrica después del despido. El gerente había sido grosero, burlón. Al llegar al barranco, un coche volcado, el gerente atrapado al volante, herido, vulnerable. No duda.

21.
Alquilaron un chalet con piscina. El pequeño pasaba el día en el agua, jugaba con muñecos a los que enseñaba a bucear. Vinieron los tíos con el primito. Los mayores tomaban el sol, el pequeño llevó al primo a la piscina, le quitó los manguitos para que buceara mejor.

22.
Iban en coche de vuelta a casa. Un frenazo, el golpe, los gritos y luego aquellas voces: "Olvidaos de ella, está muerta, sacadlo a él, rápido o se desangrará". Despertó, ella está a su lado. "Todo ha sido una pesadilla" Se incorpora para levantarse. No tenía piernas.

23.
Un largo paseo les llevó a casa de ella. Se desnudaron sin dejar de mirarse, sus cuerpos tenían todas las marcas del paso del tiempo, cansados y viejos quisieron entregarse a un juego que ya creían olvidado. Todavía no se habían dormido y ya empezaba a amanecer...

24.
Cada noche el mismo sueño, llueve y un coche negro intenta atropellarla, ella corre hasta que se despierta, asustada y agotada. Hoy ha dormido bien, no recuerda haber soñado. Desayuna contenta, baja a la calle, llueve, un coche negro se acerca. Ella empieza a correr.

25.
Cada tarde, desde que padre faltó, visitaba a madre y la acompañaba mientras cenaba. Ella, siempre tan discreta, ahora no dejaba de hablar, compartía con su hijo los recuerdos de su vida, le contó la historia de su gran amor. Él pensaba en padre, ella en una mujer.

26.
Se vistió lo más rápido que pudo, le besó en los labios y volvió a casa. Su marido estaba a punto de acostarse, ella improvisó una excusa y él la aceptó con una sonrisa. Durmieron abrazados. Ella era discreta, él le guardaba esos secretos que ella nunca le contaba.



27.
Ya había acabado la guerra el día que se lo llevaron. Madre nunca hablaba de eso, estaba rota y asustada. Un día le dijeron que no le llevase más comida al cuartelillo. Todos los años, ese mismo día, llevaba una rosa roja y la dejaba en el barranco, cerca del pueblo.


28.
No le gustaba su nombre ni su cuerpo. Aún recuerda la ropa y juguetes de niña, las ganas de llorar, el wc de mujeres, los locales de ambiente y la sensación de vivir su cuerpo como una cárcel. Difícil olvidar. Se desnuda frente al espejo, sonríe. Ahora sí, es él.

29.
Cenan temprano, él juega con el pelo de ella, suavemente hunde su mano entre los rizos, con la otra le acaricia un pecho como se acaricia una mariposa o un anhelo. Al mirarla le dice todas las palabras bonitas que él todavía no sabe y que sólo ella puede escuchar.


viernes, 16 de marzo de 2018

Pensiones dignas


El art. 50 de Constitución Española es claro, Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad. Asimismo, y con independencia de las obligaciones familiares, promoverán su bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio.” El recurso constante por parte del gobierno, la patronal y los poderes económicos de este país a poner en duda “la sostenibilidad del sistema” o la posibilidad de pagar pensiones que garanticen unas mínimas condiciones de vida, es por tanto un ataque frontal a la propia Constitución por los que se autodenominan constitucionalistas, al tiempo que una campaña para sembrar la desconfianza y el miedo.



Las pensiones, por tanto, no solo se pueden pagar, sino que existe el mandato constitucional (el de más alto rango de este país), de que se paguen. Problema técnico para hacerlo, no existe, hay propuestas encima de la mesa que se vienen planteando desde hace años tanto por CCOO como por Unidos Podemos, entre otros. Lo que existe sin duda es voluntad política por parte de algunos sectores de nuestra sociedad por finiquitar un sistema de protección público y de amplia cobertura, para sustituirlo por otro privado que permita a la banca y las aseguradoras abrir una lucrativa vía de negocio, donde lo importante deja de ser la calidad de vida de las personas durante la tercera edad.

Mañana, día 17 de marzo (el 22 en el caso de Valencia), se presenta una gran oportunidad. Desde diferentes plataformas, partidos políticos y sindicatos se llama a una gran movilización social para reivindicar unas pensiones dignas, para exigir que la “recuperación económica” tan repetida por el gobierno, llegue también a los y las pensionistas. No es la primera, tanto plataformas como sindicatos llevan meses saliendo a la calle con marchas y movilizaciones. Ahora es el momento de confluir, de sumar, de demostrarle al gobierno que delante tiene un bloque amplio y sólido que no va a consentir que la mejora de las condiciones macroeconómicas se traduzca en mayor riqueza para los que más tienen y miseria para el resto.

Las manifestaciones de mañana van a ser unitarias en la práctica totalidad de las ciudades de España, pero resulta preocupante que no lo sean en algunas, especialmente en Madrid, que nos guste más o menos, al ser la capital, juega de alguna manera el papel de escaparate de la movilización (tal y como apuntaba Agustín Moreno en un artículo cuyo lectura recomiendo y que publicaba ayer en cuartopoder). Lo que nos hace fuertes es ir unidos, esto no es nuevo, pero a pesar de ser una obviedad, seguimos encontrando infinidad de obstáculos a esa unidad, obstáculos que únicamente benefician al gobierno y a quienes, como ellos, pretenden avanzar en el desmantelamiento del sistema público de pensiones. Se debería intentar hasta el último minuto conseguir esa unidad, para mañana y para las siguientes convocatorias… no cansemos a la gente con discusiones que no son el eje central de la reivindicación.
 
Otro elemento debe quedar claro, reclamar unas pensiones dignas no es tarea exclusiva de los pensionistas, no debería plantearse por tanto como una movilización de pensionistas, sino del conjunto de la clase obrera, pensionista es mi padre y mi madre que cobran unas pensiones de miseria tras bastante más de 40 años cotizados, pensionista lo seré yo y lo serás tú, en un futuro cada día menos lejano… El sistema público de pensiones que todos defendemos es un sistema de solidaridad intergeneracional y la lucha por su defensa debe ser una lucha intergeneracional también. Las pensiones de hoy dependen de los salarios de hoy, las pensiones de mañana dependerán, en gran medida, de los salarios de mañana. Debemos vincular luchas, debemos sumar colectivos, somos más, si nos organizamos, somos más fuertes.

Es el momento de revertir las reformas que durante la crisis nos han colocado, a la clase trabajadora, en una situación de mayor vulnerabilidad, nos han recortado derechos, nos han devaluado condiciones de vida. Hay que exigir pensiones dignas, y hay que exigir salarios dignos, estabilidad en el empleo y empleos de calidad. Se trata por tanto de articular una movilización unitaria, cada día más grande, más plural, en la que todos y todas, cada uno desde el espacio en el que más cómodo se encuentre, sin renunciar a nada, pueda aportar su grano de arena para darle la vuelta a una situación que nos está machacando a todos.

Ahora tenemos las condiciones para hacerlo… hagámoslo.

lunes, 15 de mayo de 2017

No nos van a callar!

¿Os imagináis una sociedad donde la protesta social sea canalizada de tal manera que generase la menor incomodidad posible a esos miles de ciudadanos que siguen pensando que los progresos sociales, económicos o civiles se dan por el simple paso del tiempo? Puestos a imaginar, que tal un espacio apartado, fuera de la ciudad, una especie de circuito de carreras, el circuito Ricardo Tormo de Cheste me sirve como ejemplo, donde los que quisieramos protestar contra la ocupación de Palestina o del Sahara, contra esta o aquella guerra (como hicimos con la de Irak y tantas otras), contra la corrupción que nos sigue robando el presente y el futuro, contra la reforma laboral, contra el ataque a las pensiones públicas, contra la corrupción o contra el bloqueo de nuestro convenio colectivo, tuviesemos que desplazarnos hasta ese lugar, ese circuito, para manifestarnos allí, una vuelta a la pista, o dos, al gusto de los organizadores, sin molestar a los ciudadanos de bien, los que se levanta sólo para trabajar, pero nunca para reclamar derechos.

Algo parecido podría pasar en esa sociedad con la huelga. Tampoco estoy siendo muy original, ya se está haciendo. Algunas sentencias del Tribunal Constitucional van en esa dirección, confrontar el derecho a la huelga con el derecho al trabajo, convertir la huelga en “una disfunción que no debe alterar el normal funcionamiento de las empresas ni de la sociedad” o como de forma muy gráfica lo vino a enunciar el profesor Joaquín Pérez Rey en el título de un artículo suyo publicado en la Revista de Derecho Social “ El Tribunal Constitucional ante el esquirolaje tecnológico (o que la huelga no impida ver el fútbol)”, una suerte de “que hagan huelga, pero que nadie lo note…”, como si los efectos que provoca la huelga no estuviesen vinculados al propio ejercicio del derecho, como si fuese posible (útil) la huelga sin “efectos secundarios”.


Empecemos por lo obvio, la huelga, el derecho de huelga, un derecho que nadie nos ha regalado (que no llegó por el mero paso del tiempo) y que costó muchas luchas (y pagar un alto precio en detenciones, cárceles, torturas y algunas muertes), es hoy atacado, no ya por un gobierno reaccionario que persigue su ejercicio a golpe de leyes mordaza y código penal, sino también por el propio Tribunal Constitucional al hacer una lectura excesivamente restrictiva de un derecho fundamental como este.

Es la huelga, ejercida incluso cuando no era un derecho, la que ha permitido construir una arquitectura de derechos sociales como la jornada de ocho horas diarias, las mejoras en las condiciones de trabajo o la protección ante situaciones de necesidad (enfermedad, desempleo o jubilación, por ejemplo). Es la presión, y la huelga como máxima expresión de ésta en el ámbito laboral, la que permite avanzar, conquistar derechos, mantenerlos.

El debate político y el jurídico se ha ido aliñando los últimos años con un debate social patrocinado por los intereses del capital en el que se pretendía enfrentar el ejercicio del derecho de huelga no solo con el derecho al trabajo, en el que no han dudado en situar la huelga como un capricho ejercido por “unos privilegiados” frente al resto de los trabajadores que soportan con patriótica resignación peores condiciones laborales (menos estabilidad y peores salarios). La lógica de atacar al que protesta, al que reclama mejoras, al que se organiza, al que lucha, siempre encuentra su público.

Despertar el artículo 315.3 del Código Penal (un artículo que nació en el tardofranquismo) y hacerlo pasar por encima del 28 de la Constitución para perseguir el ejercicio del derecho de huelga, criminalizar al huelguista, mercantilizar los derechos laborales o agitar la bandera del derecho a la libertad de empresa para vaciar de contenido el derecho de huelga, lejos de suponer (como algunos no se cansan de repetir) una visión moderna de las relaciones laborales, supone un salto hacia atrás de dos siglos. El mercado sin reglas, o como ahora les gusta llamarlo, la libertad de mercado, lejos de suponer un paso hacia delante en las relaciones de producción de bienes y servicios, supone retroceder al modelo que funcionaba durante los primeros años de la revolución industrial, ese que tanta desigualdad social originó.

Lamentablemente no estoy haciendo una hipótesis de lo que podría suceder, sino que estoy denunciando lo que ya ha pasado, está pasando, un ejercicio de persecución política y judicial contra el derecho de huelga que se ha concretado en encausar penalmente a cerca de 300 sindicalistas de CCOO y UGT, personas concretas cuyo único delito es luchar por defender los derechos que la clase trabajadora habíamos ido conquistando con años, décadas de lucha y que las últimas reformas laborales pretendían arrebatarnos. Personas como Lola y Gonzalo de Málaga que fueron encausados por participar en la huelga general del 29 de marzo del 2012, como Ricardo Vercher, delegado de CCOO en el METRO de Barcelona por su participación en la huelga general de noviembre de 2014 y para el que se han pedido 5 años de cárcel, como Isma y Dani del grupo de Juventud de CCOO de Catalunya, que pasaron 34 días en prisión por participar en el piquete de la huelga general del 29 de marzo del 2012, como Juanjo y Pedro de Alcalá de Henares por su participación en la huelga general del 29 de marzo de 2012, como Pepe, Tomás, Armando, Raúl, Edgar, Rodolfo, Gerónimo y Enrique, los 8 de AIRBUS a los que por su participación en la huelga de 29 septiembre de 2010 se les pedían 8 años y medio de prisión a cada uno, como Tamara y Ana, compañeras de Galicia ya con condena, como Katiana Vicens, Secretaria General de CCOO de Illes balears por su participación en la huelga del  29 de marzo de 2012, como Juan Carlos Asenjo, de CCOO Coca Cola Fuenlabrada por la huelga general de 29 de septiembre de 2012, o como a los compañeros de Comarques de l’Interior aquí en el País Valencia, José Manuel, Anna, Jose y José María por la huelga del 29 marzo de 2012, como tantos y tantas compañeras que dan un paso al frente en la defensa de los intereses colectivos y sobre los que se quiere hacer caer el peso de un artículo preconstitucional que se diseñó ya entonces para frenar las movilizaciones que reclamaban no solo mejores condiciones de trabajo y derechos laborales, sino democracia y libertad en un país gris en el que el dictador moría en la cama mientras la democracia nacía en las calles impulsada principalmente por CCOO. Pues bien, 40 años después, son las mismas CCOO las que vuelven a sufrir la persecución por aquellos que sueñan con una sociedad donde el crecimiento de la desigualdad y la pobreza no tenga contestación por parte del movimiento obrero.

Mañana, 16 de mayo, CCOO y UGT, registraremos en el Congreso de los Diputados una propuesta reclamando la derogación del artículo 315.3 y  la modificación del 172 del Código Penal, para descriminalizar el Derecho de Huelga, y dotar de todas las garantías necesarias a un derecho que no sólo lo recoge la Constitución, sino que además lo recoge dentro del apartado reservado a los Derechos Fundamentales y que como tal, debería gozar de especial protección (y no de la persecución a la que se está viendo sometido).